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CONTENER PERSONAS EN CRISIS
I. Meta
Una persona que atraviesa una crisis necesita a personas capacitadas para ayudar la a
- sobreponerse
- recuperarse emocionalmente
- optar por comportamientos no destructivos que les permitan sobrellevar la situación
- acercarse a Dios
II. Dos Textos bíblicos
Lo que no sirve:
Proverbios 25:20 - Dedicarle canciones al corazón afligido es como echarle vinagre a una herida o como andar desabrigado en un día de frío.
Frases vinagre: “ánimo, ya va mejorar” - justo eso lo que le falta; “pon buena voluntad” - es lo más afectado por la crisis o depresión; “otros sufren más que tu” eso no consuela a nadie; “Dios usa eso para corregirte” - por más que puede ser cierto, hay que tener mucho cuidado para decirlo. Porque hace parcer cruel a Dios. Verdades dichas en el momento inoportuno y a la persona equivocada, se convierten en armas del enemigo (Satanás cuanto tentó a Jesús solo cito Palabra de Dios); “mira las cosas buenas, las flores los pájaritos” – la persona no se puede alegrar por los pajaritos frente a un diagnóstico de cáncer.
Lo que sirve:
Romanos 12:15 - Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran.
(vea cómo escuchar)
¿Cómo se produce una situación de crisis?
Se produce por un hecho grave que interrumpe la vida normal de la persona y para el cual no tiene las herramientas adecuadas para resolverlo o sobrellevarlo.
Ej. enfermedad, muerte, pérdida económica, divorcio, etc.
Una crisis se puede producir por un hecho repentino que no deja posibilidad de prepararse, o puede ser producida por hechos que se repitieron durante mucho tiempo, pero de golpe la persona no puede seguir soportándolos.
¿Qué consecuencias trae?
Cada crisis encierra un peligro y una oportunidad.
El peligro es quedarse en las reacciones disfuncionales (que al principio son normales) y convertirse a si mismo y al entorno en personas con crisis crónica.
La oportunidad es salir de la crisis más maduro, más firme, con una actitud diferente frente a la vida y sus desafíos.
La responsabilidad del acompañante es evitar los peligros, ayudar a iniciar el proceso de elaboración y –por supuesto- conducir a la persona a apoyarse en Dios.
El proceso de la crisis
Frases como “su marido tiene cáncer”, “su hijito murió durante la operación”, “no sigo con nuestro matrimonio” pueden producir una crisis y como consecuencia alteraciones el área psíquico, emocional y físico.
En primer lugar se produce un shock y una profunda conmoción emocional, una especie de parálisis que niega o no puede creer la realidad de lo sucedido y deja una marca duradera en el subconsciente. “Trauma” en griego significa “herida”.
Esa reacción es un mecanismo de protección que gana tiempo para prepararse a enfrentar la crisis. Suele durar varias horas y puede reaparecer durante el proceso de elaboración.
En esa etapa puede tener síntomas y comportamientos que en una situación normal serían patológicos, pero no lo son en medio de una crisis.
Pueden ser:
- Ansiedad: (sobre todo cuando la persona estuvo presente en el suceso o lo tiene muy grabado en su mente). Produce: interrupción del sueño, pesadillas, inquietud, irritabilidad, desconfianza, aislamiento. Suelen ser más leves cuando la persona se involucra activamente en enfrentar las consecuencias de la crisis
- Somatización: Convierte en efectos físicos la crisis. Pueden ser dolores generalizados, jaquecas, desmayos, taquicardia, insomnio, problemas, gastrointestinales.
- Desasosiego: Puede manifestarse en no poder estar quieto, tranquilo, sereno. Está hiperactivo, en movimiento constante, sin dormir. O se muestra apática, desinteresada, quiere estar en la cama todo el tiempo. Algunas personas sufren alucinaciones, ven y oyen la persona que se fue, tan real que creen que estuvo. Otras se descuidan totalmente y tienen tendencia al suicidio y la auto-agresión.
Es absolutamente necesario que los expresen, con eso empieza el proceso de elaboración. Las emociones reprimidas se convierten en crisis secundaria (síntomas de crisis grave frente a cualquier problema) o en síntomas “perpetuos”.
Hay básicamente 4 emociones frente a una crisis:
Tristeza: es un profundo pesar por lo sucedido y sus consecuencias. Suelen venir como oleadas sin previo aviso y aparentemente sin motivo.
Enojo: Muchas veces sienten una ira muy intensa contra la naturaleza, el destino, Dios, los que se fueron y hasta los que quieren ayudar. Si es reprimida y no elaborada, puede terminar en agresividad y violencia física.
Jamás digas a un cristiano: “¿Cómo puedes sentir enojo contra Dios?” Ayúdalo a expresar su enojo a Dios. Una oración podría ser así: “Dios, siento mucho enojo por permitir que mi hijo se tuviera ese accidente y haya quedado tan dañado. No entiendo por qué lo permitiste, si dices que me amas y que tienes todo el poder.”
Miedo: Es temor a que la tragedia se repita, a tener más pérdidas, a no poder enfrentar el futuro sin lo perdido, a sentirse tan mal siempre, temor a la propia muerte, etc.
Culpa: por no haber hecho lo suficiente para evitar la tragedia, por estar mejor que un familiar enfermo por ej., por no haber tratado mejor a la persona que murió, por ej. Sobre todo cuando la relación con la persona fallecida no fue buena, la culpa es muy fuerte. No pueden dejarla de lado, porque piensan que ese sufrimiento es el castigo que merecen. No importa si la culpa es real o no, si no es elaborada, se transforma en daño permanente.
En medio de una crisis es frecuente que la persona está en un estado de confusión interior. Puede resultar en abandono de normas éticas y morales y una pérdida total del sentido de responsabilidad (murió el esposo y no le importa que le pasa a los hijos). “Ya nada importa” – sería el resumen de lo que siente.
Posibilidades frente a la crisis
Como ya dijimos es un peligro y una oportunidad
Peligro
Si no logra aceptar y elaborar la crisis y adaptarse a la nueva realidad que le toca vivir, puede terminar en una neurosis, en tener dificultades emocionales crónicas o en una psicosis, que ya es un severo trastorno mental que le hace perder el contacto con la realidad.
También puede desarrollar estrategias de solución disfuncionales como Aislamiento o huida Negación o pseudo-crisis (ej. llorar todo el tiempo para evitar enfrentar con la rabia y la culpa). Agresividad a apatía
Dependencia total de los demás
Oportunidad
puede ser un proceso de maduración y resultar en una fe fortalecida. Pablo vivió muchas experiencias traumáticas (2. Corintios 11:23-28, pero el resultado fue 2. Corintios 12:10.
Aquí vemos mucho más que superar la crisis. Pablo salió de sus crisis más maduro, más sabio y más fortalecido.
Estrategias funcionales:
Evaluar las consecuencias que tendrá la crisis en las diferentes áreas
Expresar intensamente las emociones generadas, desahogarse todas las veces que siente necesidad de hacerlo
Pedir directa y claramente ayuda y no esperar que los allegados “adivinen” qué necesita
Los resultados del crisis
Crisis secundaria
Si la persona no recibe ayuda adecuada y elabora las 4 emociones básicas de la crisis, puede mantener de manera constante las reacciones (que eran al inicio de la crisis), puede tener las reacciones que correspondían a la crisis original frente a cualquier problema aunque sea irrevelante.
La llamada “Tabla de Holmes y Rahe” mide el impacto de hechos traumáticos en puntos (mínimo=1 y máximo=100). El límite que soporta un ser humano son 300 puntos.
Muerte de esposo o esposa 100
Muerte de otro miembro de la familia 63
Heridas y enfermedades personales 53
Pérdida de trabajo o ingresos 47
Heridas o enfermedades de familiares 44
Pérdida de bienes o ahorros 38
Muerte de un amigo íntimo 37
Cambio de trabajo o puesto nuevo 36
Endeudamiento grande 31
Cambio de vivienda o estilo de vida 25
Cambio de hábitos o rutinas personales 24
Cambio de escuela o recreación 20
Cambio de actividades sociales 18
Endeudamiento menor 17
Navidad, aniversarios, cumpleaños 12
Si el máximo soportado son 300 puntos, hay que observar que la suma de la tabla da casi el doble. Yo agregaría en primer lugar el divorcio con 150 puntos. Porque la persona que muere no muestra desprecio, no abandona voluntariamente. Además el divorcio trae automáticamente varias otras crisis
VIII. Agravantes de la crisis
Tardar en iniciar el duelo
Relación conflictiva con la persona perdida (o lo que haya sido)
Dependencia excesiva de lo perdido
No tener valores espirituales o trascendentes
Dificultad de catarsis, es decir para expresar las emociones
Pero aunque la persona no haya elaborado la crisis al comienzo puede decidir en cualquier momento empezar a hacerlo. Y nuestra tarea es ayudar, facilitar la cataris (“exposión” de la crisi) y contener.
IX. Expresiones de la crisis secundaria
Hiperactividad, al principio para huir y tapar el dolor, después se transforma en parte de la personalidad
Hipoactividad, porque ha decidido que no puede hacer nada y que ya nada importa
Sobre-identificación, empieza a adoptar hábitos, gestos y hasta enfermedades de la persona perdida, es una manera de seguir teniéndola “cerca”.
Somatización crónica, las reacciones físicas iniciales frente a la crisis se convierten en método
Alteración de las relaciones con todo el entorno (agresión y auto-agresión)
Dependencia de fármacos
Conducta delictiva (en personas que jamás lo tuvieron)
X. Recuperación
Es posible romper el círculo y empezar a tener reacciones que llevan a la elaboración y al crecimiento personal.
La persona que salió de la crisis es más sabia, más capaz, más segura, más dispuesta a asistir a otros en sus crisis.
De hecho involucrar a personas con crisis y dolor en la ayuda a otros puede ser un factor fuerte para su recuperación, porque le da sentido de utilidad y valor.
XI. Reflexión final
Todos – también los cristianos – tenemos un límite de tolerancia. Y cuando el sufrimiento es lo suficientemente grave o demasiado prolongado, nos quebramos y ya no podemos ver las cosas positivas, ni la mano de Dios. Ya un dolor físico intenso prolongado alcanza.
Es importante que la persona que pide ayuda en su crisis sienta que el consejero y también Dios ven la dimensión de su sufrimiento. El consejero es el modelo de cómo Dios trata con su sufrimiento. Y más importante que explicaciones o justificaciones en el tiempo de crisis es que ella sienta de parte del consejero “estoy contigo en tu dolor”. No hacer eso fue lo que Job (y Dios) le reprocharon a sus amigos. Decían verdades hermosas sobre Dios, pero no era el momento para decirlas y Job no era la persona a la cual aplicarlas en ese momento. Era como dar el mejor medicamento para la anemia a alguien con problemas de hipertensión. Por eso necesitamos tanto “ponernos los zapatos del otro”, conocer en profundidad su situación y afinar nuestro oído espiritual para poder transmitir el punto de vista de Dios
2ª Corintios 3:5-6: “No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra competencia proviene de Dios. El nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.”
Es decir, que necesitamos la guía del Espíritu Santo para aplicar la palabra adecuada en el momento adecuado si noi queremos dañar seriamente en vez de ayudar.
Y por último: Hay que recurrir a todas las ayudas posibles (siempre y cuando no estén en contra de la palabra de Dios). Ayuda profesional y medicación no son falta de fe, pueden ser los instrumentos de Dios para realizar el milagro. Y hay que recurrir a ello siempre que uno ve que no logra los resultado necesarios.
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